Si los perros hablasen

Paso el día pensando en mis amos. Me tumbo delante de ellos y los miro fijamente mientras ellos ladran y gruñen entre sí. Son las criaturas más raras y más hermosas de la tierra

Foto: Foto: EFE.
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Lunes

Los humanos tienen una forma rara de usar las patas. Llevan las traseras rectas y las apoyan en el suelo. Sus pies casi siempre van en el interior de esas fundas de cuero, lo que resulta molesto, porque ocultan el precioso olor de los pies de mis amos. Las delanteras, en cambio, las llevan colgando en el aire. ¿Cómo lo hacen? A mí me es dificilísimo sostenerlas así y además sería incapaz de usarlas como ellos. Mis amos hacen arte con sus patas delanteras. Este es uno de los motivos por los que adoro a mis amos. ¿Y a qué me refiero con arte? Pues con sus patas delanteras pueden encontrar mi comida, agarrar mi correa cuando paseamos, liberarme de mi bozal cuando llegamos a casa, abrir puertas, rascarme la barriga y, cuando todavía no entendía que no debo depositar mi fuerza vital en casa, hacían cosas absolutamente temibles con un periódico enrollado. Desde que aprendí que solo debo depositar mi fuerza vital en los árboles y la hierba del parque, no han vuelto a usar el periódico enrollado. De hecho, apenas se han vuelto a ver periódicos en nuestra casa, lo cual es un alivio.

Martes

Paso el día pensando en mis amos. Me tumbo delante de ellos y los miro fijamente mientras ellos ladran y gruñen entre sí. Son las criaturas más raras y más hermosas de la tierra. Son más hermosas que los demás perros. Algún día me convertiré en humano como ellos y podré sostenerme todo el día sobre mis patas traseras. Este es, tal vez, el fin de todo perro, salvo de esos brutos imbéciles que viven sin humanos y que corren en jaurías y dan miedo. He observado que mis amos me miman más a mí que a sí mismos, de manera que quizá sea mejor ser un perro. Tampoco sé si estoy haciéndolo todo correctamente para convertirme en humano. Algunos perros del barrio han avanzado más y se visten con fundas de lana y de tela como sus amos. Nos miran al resto, a los que solo hemos conseguido la correa y en algunos casos el agobiante bozal, con infinita condescendencia. Este es uno de los grandes misterios de la existencia.

Miércoles

Mis amos tienen un ladrido especial para llamarme. Es un ladrido que suena de tal forma que mis orejas se levantan y tuerzo la cabeza para asegurarme de lo que han dicho. Entonces ellos vuelven a ladrar de esa forma y yo corro hacia ellos, porque me van a sacar de paseo con la correa o me van a dar comida o me van a rascar en la tripa, que son las tres cosas que espero todo el día, y las que me hacen llorar cuando mis amos salen de casa y me dejan solo. Cuando mis amos se van de casa, la vida es triste y deprimente. Hay días en que me tumbo en ese sitio blando y alto donde duermen y me dedico a gemir y a llorar, y otros en los que huelo todos los sitios que han tocado con sus patas traseras y delanteras, porque el olor maravilloso de mis amos es muy penetrante y se queda pegado a todo lo que tocan durante mucho tiempo. Así puedo evocar la presencia de mis amos. Huelo con todas mis fuerzas y por un momento es como si estuvieran conmigo. Mis mejores recuerdos en esta vida tienen que ver con el olor de mis amos.

Jueves

Antes no comprendía qué hacen fuera de casa, pero con el tiempo lo he averiguado, porque a veces salen de casa conmigo. Salen a cazar toda esa comida que me dan, y esa otra comida que tragan ellos y que yo siempre les pido, porque si la como aceleraré el proceso de convertirme en humano. Os preguntaréis por qué he averiguado lo que hacen los humanos fuera de casa: porque soy muy listo. Cuando nos vamos de paseo, me entrenan para que yo pueda cazar también en el futuro. No sé cuándo considerarán que he aprendido lo suficiente como para cazar por mí mismo y traer comida a casa. El entrenamiento es duro pero me gusta mucho.

En el parque, mis amos agarran la pelota de goma con sus patas delanteras y me la enseñan. Cuando veo la pelota me vuelvo loco de nervioso. En cualquier momento, la pelota se escapará a toda velocidad de sus manos. Odio la pelota con todas mis fuerzas. Es imbécil, ¿quién querría escaparse de los humanos? Pero ella corre a toda velocidad, se esconde debajo de los setos o se para para pensar hacia dónde correrá. Yo la persigo a toda prisa, la alcanzo y la aprieto muy fuerte con los dientes. La mareo un poco para cansarla y cuando está muerta se la llevo a mis humanos, que me premian con una caricia. Me aseguro de que la pelota esté bien muerta antes de soltarla, aunque tenga que hacer esperar a mis amos, que me la piden y tratan de quitármela. Pero esa maldita pelota sabe hacerse el muerto muy bien. En cuanto vuelve a estar en las manos de mis amos, se reactiva y echa a correr. Esto demuestra que los humanos no son absolutamente perfectos. Son incapaces de retener la pelota, y dedican mucho tiempo a cazar un bicho que no tiene buen sabor en absoluto.

Viernes

Hoy es el peor día de mi vida. Todavía no sé qué ha pasado. Empecé a notarme raro por la mañana. Todos se levantaron y se movían nerviosos de un sitio a otro. Pensé que hoy me convertiría en humano, pero sigo siendo un perro. Mis amos abrían puertas y sacaban ropa y la metían en esas cajas con ruedas que hacen mucho ruido cuando las arrastran por la acera. Entraban a una habitación y salían. La niña también estaba muy nerviosa y me agarraba por las orejas y lloraba. Estuve muy atento todo el rato. Los observé sin entender qué estaban haciendo. Quizá se preparaban para una gran jornada de caza.

De pronto me pusieron la correa y pensé: ahora todo está bien. Me puse muy contento y salté para lamer las manos. Me arrastraron con ellos al coche, que es una caja que se mueve muy rápido y deja entrar muchos olores alucinantes por las ventanas. Mis amos iban muy callados y la niña estaba muy nerviosa y no dejaba de apretarme las orejas. La niña puede llegar a ser muy molesta, pero también muy mimosa, nunca sabes con qué humor se despertará. (Creo que es idiota, pero no tiene la culpa).

El caso es que disfruté mientras pude de los olores que se metían por la ventana, que traían el aroma de mil flores y de cien mil tipos diferentes y sabrosos de excrementos. De pronto el coche se paró. Mis amos me agarraron con la correa, cosa muy de agradecer, porque quería desprenderme de un poco de flujo vital y depositarlo en este campo tan hermoso. De pronto, mi correa se quedó trabada. Pasa a veces, las patas de los bancos, los árboles y las farolas agarran mi correa, y durante unos segundos no me puedo mover.

Pero hoy no han conseguido soltarme. Mi correa está agarrada a un objeto metálico muy largo. El coche de mis amos se puso en marcha. La niña estaba chillando y mi amo estaba muy callado y no me miraba. Hace mucho calor. Se me ha secado totalmente la trufa y apenas puedo percibir el olor de mis amos, del que ahora mismo queda una brizna. Estoy seguro de que he hecho algo malo, pero no sé lo que es. Pasan muchos coches pero ninguno trae el olor maravilloso de mis amos. Cuando mis amos vuelvan a por mí, juro que no volveré a hacer nada malo nunca. Juro que cazaré la pelota hasta asegurarme de que está muerta. Juro que lameré sus manos a conciencia, hasta sacarles brillo. Juro que algún día conseguiré ser tan bueno y tan hermoso como ellos. Hace demasiado calor.

Dedicado a los maravillosos amos que abandonan a sus perros en vacaciones.

EL CONFIDENCIAL….JUAN SOTO IVARS

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