El daño que las etiquetas hacen a nuestros perros

El daño que las etiquetas  hacen   a nuestros perros

El daño que las etiquetas hacen a nuestros perros

A las personas nos gusta etiquetarlo todo y los perros no son ninguna excepción.  El problema es que estas etiquetas les hacen mucho daño y, aunque nos cueste darnos cuenta, a nuestra relación con ellos, también.

No deja de sorprendernos la cantidad de artículos que vemos (muchos de ellos escritos por gente que, supuestamente, sabe de lo que habla) con títulos del tipo “Las diez razas más peligrosas”, “Cinco razas de perro ideales si tienes niños”, “Diez razas de perros que no se llevan bien con los niños”, “Las mejores razas para quedarse solas en casa”, “Las quince razas de perro más inteligentes”, etc.

Dejando de lado lo que pensamos sobre todos estos “expertos” que, claramente, solo buscan un tráfico fácil y masivo en sus páginas web, vamos a centrarnos en el público objetivo de esos artículos y en como estos nos generan unos prejuicios y/o unas expectativas que, a su vez, hacen que tratemos a los perros de forma muy distinta a la que lo haríamos si no los tuviésemos y, por lo tanto, que el comportamiento de nuestros perros también cambie, al igual que lo hace la forma en la que evaluamos ese comportamiento.

La mayor parte de las personas que lean estos artículos estarán pensando en adoptar o comprar un perro o serán personas muy interesadas en el mundo del perro y en aprender más sobre ellos. Si eres de los primeros elegirás una raza convencido de que reúne unas características determinadas, tal y como harías con cualquier producto y si eres de los segundos puedes tener suficientes conocimientos para llegar a la conclusión de que lo que has leído es una auténtica basura o puedes asumir lo que dice ese artículo como cierto y, como sabes mucho de perros y tienes mucha experiencia, transmitir esa información a todo el que se cruce en tu camino, colaborando con ello a difundir ideas y etiquetas totalmente equivocadas.

Así, por ejemplo, en los años 80, la gente compraba un Pastor Alemán porque era “el perro perfecto” (gran defensor de la casa, pero muy equilibrado e ideal para vivir en familia…), años después todas las familias compraban perros de raza Labrador porque eran muy tranquilos, los mejores perros para convivir con niños, etc. En los últimos años se ha extendido la idea de que los Border Collie son los perros más inteligentes, aunque requieren mucha actividad y ejercicio físico… Pero ¿Qué pasa cuando el cachorrito crece y nos damos cuenta de que nuestro Pastor Alemán es de todo menos equilibrado, que nuestro Labrador es el perro más nervioso del mundo o que nuestro Border Collie parece tonto y nos genera muchísimos problemas a pesar de todo el ejercicio que hacemos con él?

Pues lo que pasa es que esas expectativas que teníamos saltan por los aires y que, generalmente, no pensamos en que hayamos partido de una base equivocada o en que podamos estar haciendo algo mal. Lo más normal es que pensemos que nos ha tocado el perro defectuoso, que hay que darle mas disciplina, más ejercicio, etc. y que cambiemos la etiqueta que alguien le había puesto y que nosotros habíamos hecho nuestra por la de perro problemático, con todo lo que ello conlleva…

Que decir de las razas PPP, de las que solemos leer que pueden ser grandes perros siempre que tengamos experiencia con ellos y les tratemos con firmeza. Y claro, como tenemos perro de toda la vida y/o hemos leído mucho en internet, solo nos queda aplicar esa firmeza que requieren pero que, sin ninguna duda, será la que acabará generando muchos problemas…

Otro gran ejemplo es el de los galgos que “son perros tremendamente miedosos y huidizos” y, como lo son, así les tratamos, sin ni siquiera pararnos a pensar en si nuestro galgo lo es o si el que haya tantos galgos con miedo es más consecuencia de su genética o de las vivencias que estos han tenido… Y al final les acabamos protegiendo en los momentos y de la forma que no tenemos que hacerlo, les gritamos para evitar males mayores o les ponemos collares preventivos por su bien…

Son solo unos ejemplos, pero creemos que pueden ser suficientemente ilustrativos de lo que queremos explicar que, al fin y al cabo, no es otra cosa que a los perros solemos tratarlos en función de lo que esperamos de ellos y que, cuando esas expectativas no se cumplen, es cuando suelen comenzar los verdaderos problemas. Esto no solo pasa con las razas, sino que también sucede con la propia especie: “los perros nos dan amor incondicional sin pedir nada a cambio, son nobles, fieles, el mejor amigo del hombre…” y todas esas cosas que se suelen decir, pero ¿Qué pasa, por ejemplo, cuando nuestro perro nos empieza a gruñir cuando nos aproximamos a su comida o cuando nuestro perro recién adoptado aprovecha cualquier excusa para alejarse de nosotros o destrozar todos los muebles de la casa? Que otra vez nos ha tocado el perro defectuoso, el ingrato que no es capaz de valorar todo lo que hacemos por él, etc. Y una vez más la receta será más ejercicio, más disciplina, etc. y las consecuencias serán las que ya sabemos…

Las etiquetas hacen mucho daño a los perros. Independientemente de que sea bueno que conozcamos las distintas características de las razas (las de verdad, no las que podemos encontrar en “los titulares amarillistas” que se repiten hasta la saciedad en cientos de web), los perros, ante todo, son perros y lo que marcará en mayor medida su comportamiento serán las vivencias que tengan, la forma en la que nos relacionemos con ellos y como y cuanto les entendamos… Porque si tuviésemos que poner una etiqueta a los humanos en relación con los perros (por supuesto, también, a riesgo de equivocarnos), es que, aún hoy, en pleno siglo XXI, en la era de la información, las personas no entendemos a nuestros perros…

Y recuerda lo más importante… ¡¡no te olvides de disfrutar de tu perro!!

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